Dios de la Esperanza, me encuentro hoy ante Ti con el peso de un alma que se siente vacía y una voluntad que se ha rendido. Te confieso, sin disimulo, que he perdido las ganas de continuar. El camino parece demasiado largo, la carga demasiado pesada, y la luz al final del túnel se ha vuelto imperceptible. Estoy en un desierto de indiferencia y desánimo, y me siento tentado a detenerme, a sentarme y a esperar que todo termine.
Siento el dolor de la fatiga, no solo en mis huesos, sino en mi espíritu. Me pregunto para qué seguir luchando, para qué esforzarme en levantarme una vez más, si la rutina y las dificultades parecen devorar cada logro y cada alegría. No te miento, Señor: hay una parte de mí que solo anhela la paz del cese, el silencio de la pausa definitiva.
Pero, a pesar de este sentimiento abrumador, hay una chispa de fe, una pequeña voz en mi interior que me dice que solo Tú puedes avivar este fuego moribundo. Por eso clamo a Ti, no desde la fuerza, sino desde mi completa debilidad:
Te pido la Gracia de la Persistencia. No me des el don de no cansarme, sino el coraje de levantarme, aunque tiemble. Que tu poder se perfeccione en mi debilidad, de modo que cada paso que dé, sea Tu victoria, no la mía.
Te pido el Consuelo del Pastor. Tú conoces mi nombre y mi herida. Hazme recostar en tus verdes praderas, permíteme beber de tus aguas de reposo, para que mi alma se restaure. Quita de mi mente los pensamientos tóxicos que me acusan y me condenan, y rodéame con la certeza de tu bondad y tu misericordia.
Te pido una Renovación de Propósito. Si ya no sé por qué camino, dame un nuevo «por qué» que sea más grande que mi dolor. Recuérdame el valor de mi vida, el impacto de mi existencia y la belleza de la tarea que has puesto en mis manos. Que mi mirada no se quede en el suelo, sino que se alce a la visión que tienes para mí.
Señor, toma este corazón desalentado, esta mente entristecida y esta voluntad quebrantada. Únelos a tu amor, y haz que la fe sea mi única fuerza hoy. No me dejes sucumbir al espíritu de abandono, sino dame el Espíritu Santo que es mi Consolador y mi Aliento.
Confío en Ti. Aunque el camino se oscurezca, sé que Tú eres la Luz. Aunque no sienta nada, sé que Tu amor me sostiene. Por favor, llévame de la mano un día más y ayúdame a que crezca una nueva esperanza en mi corazón.
Amén.
Oración para cuando no tengas ganas de continuar

