
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra (Salmo 32).
Padre amado, hoy vengo confiado en tu palabra, esa que siempre conforta mi corazón en los momentos de tribulación. Lleno de amor y fe clamo tu misericordia para mí y los míos, para que apartes el mal que pueda asecharnos, la envidia y el rencor. Tú que eres justo y que nos amas sin condición, escucha mis oraciones y mis súplicas.
Oh amado Dios, muéstrame hoy y cada día tus obras y llena de paz mi corazón atormentado. Te lo pido de corazón,
Amén.
