
Habéis, pues, de serme santos,
porque yo el Señor soy santo…
(Levítico 20:26).
Inicia un nuevo día mi querido Redentor, y es momento de venir a Ti y ofrecerme sinceramente, sin ataduras ni secretos, porque Tú, Dios misericordioso, me has concedido la bendición tener un día más en Tu presencia.
Señor, quiero agradecerte y bendecirte, en esta hermosa mañana que llena nuestro cielo, porque he podido sentir tu presencia en todo lo que he hecho. Te agradezco que estuviste ahí para mí siempre, buen Padre, y en cada relación que tuve.
Padre, eres necesario en mi corazón. Encomiendo a tu cuidado todos los planes de día, de acuerdo con tu voluntad. Permanezco contigo, sabiendo que escuchas y aceptas mi oración, porque tú, mi buen Señor, nunca rechaces el llanto de tus hijos. En el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, gracias por escucharme y por tu protección y cuidado mientras duermo.
Amén.
