
Señor, soy tan feliz de estar con mi familia, de escuchar sus voces, de pensar en cómo se ven y de sentirme vivo con cada abrazo que me dan. Esta es la misma felicidad que experimento cuando estoy con mis amigos cuando siento que el mundo se desmorona y no me quedan fuerzas. Gracias por las bendiciones que estas personas me han dado en cada momento de mi vida.
Les ruego que los apoyen en sus luchas y los alienten a aferrarse a su verdadero yo, es decir, a no perder la chispa que define quiénes son. Sobre todo, oro para que su amor y su fe en Ti no se desvanezcan como el humo.
Quiero aprovechar este nuevo día para recordarte, mi Padre celestial, cuánto te amo y cuánto quiero que ese amor crezca y se vuelva tan ilimitado como el tuyo, que irradie paz como cada rayo de sol que derramas sobre todos nosotros.
Ven conmigo, Señor. Necesito tu orientación para saber a dónde ir. Si los planes de hoy no funcionan como esperaba, ayúdame a comprender el misterio de tu amor que se esconde en ellos. Por favor no me abandones. Lo pido en el nombre, por favor.
Amén.
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