
No hay nada más grande que honrarte siempre, bondadoso Padre, porque te preocupas por el bienestar de cada uno de tus hijos, a pesar de sus transgresiones. ¡Alabado seas, Señor! Estoy muy agradecido por estar siempre ahí para mí, apoyándome en los buenos y en los malos momentos. Siempre estaré en deuda contigo.
Dame muchas pistas y recursos que me ayuden a encontrarte y acercarme a Ti. Que a pesar de que todo en mi mundo se está desmoronando, nunca dejo de mirar al cielo para agradecerte en las ruinas, para que incluso en los momentos en que las cosas me vayan muy bien, me acuerde de orar.
Tenía muchos planes y dificultades al levantarme hoy para seguir desarrollando mi plan de vida. Padre Bendito, por favor no permitas que el enemigo me quite mis deseos o mi sonrisa de esperanza de que todo saldrá bien si pongo toda mi confianza en ti.
Te entrego mi día, junto con los días de mis seres queridos. Que tu amor triunfe en cada lágrima, cada sacrificio y cada agonía que sufrimos sin hacernos perder la esperanza en nadie y mucho menos en Ti. En el nombre de Jesús, Quédate conmigo, Señor; hay mucho que hacer, pedir y amar.
Amén.
