
Gracias Señor por el alimento que nos brindas cada día en la mesa y por el espacio cómodo y seguro que tenemos para hablar y compartirlo contigo. A pesar de nuestro pecado, intentas iluminar cada rincón de la casa con tu misericordia, y hasta en los momentos más oscuros, tu amor está presente.
También te agradezco que me hayas concedido buena salud durante este día. Siempre has colocado a mis amigos y compañeros de trabajo en los lugares perfectos de mi vida, ya sea en la escuela o en el trabajo, así que nunca olvido lo importante que eres para ti.
Si es tu voluntad, Señor, te ruego que me concedas el favor de una noche de descanso libre de preocupaciones y pensamientos desagradables para que al día siguiente pueda despertarme totalmente renovado. Pero si no es así, por favor no te vayas, Señor, en el nombre de Jesús.
Amén.
