
Padre Bendito, por favor recuérdame que ningún mar en calma hace a un marinero hábil, y que puedo verte paseando sobre las aguas durante una tormenta, extendiendo la mano para salvarme y acogiéndome en tus brazos con fe, y que todo lo que haces me llena de propósito e inspiración para ser un siervo digno, Señor.
Santo Padre, por favor recuérdame gritar tu nombre para que seas tú quien entre primero, saturándome con toda tu divinidad y ahuyentando todo, si en algún momento la duda o el miedo intentan golpear mi corazón.
Por favor, Dios, dame la confianza que necesito para que nunca te abandone ni suelte tu mano. Que los buenos tiempos profundicen mi amor por Ti y por otras personas, y que los malos tiempos me muestren que cualquier cosa a la que aspiramos que valga la pena requiere trabajo y sabiduría.
Te ofrezco todo mi día, junto con mi vida, para que Tú puedas controlarla. Ya me siento más motivado para empezar bien este día. En el nombre del verdadero Jesús y Rey, que sea todo lo que tu voluntad desee, mi Señor.
Amén.
