
Gracias, Bendito Dios, por el placer de poder hablar contigo hasta este punto. Cansado del trabajo diario pero increíblemente agradecido por todo lo que me dejaste experimentar en tu presencia, te entrego mi corazón esta noche.
La razón por la que he llegado exhausto hasta ahora es que, con su permiso, he tenido numerosas oportunidades para realizar mis tareas. Agradezco mi integridad en mi profesión y los estudios, y por la atención y seguridad que me brindas.
Muchas gracias, Padre Celestial, por todas mis maravillosas experiencias de hoy. Estaba rodeado de personas a las que adoro y que tienen un gran significado en mi vida. He tenido el placer de pasar tiempo con ellos y aprender más sobre las cosas que les inspiran y les duelen.
Gracias, Señor, por las situaciones desafiantes que enfrenté hoy, donde las cosas no salieron como esperaba y me dejaron con amargos dolores de agonía y ansiedad para los cuales parecía no haber un final a la vista. También te agradezco por las personas desafiantes que pusieron a prueba mi paciencia, pero nunca me abandonaste.
Amén.
