
Señor, no permitas que la melancolía o los pensamientos pesimistas deshagan todos los planes que laboriosamente he elaborado para hoy. Recuérdame que no hay nada que temer si estamos juntos, pues tú eres mi fiel escudero y siempre encontraré el mejor santuario bajo tu sombra. Siempre encontraré todo lo bueno en Ti.
Que siempre recuerde, oh Preciosísimo Señor, que eres el primero en ser llamado, tanto al amanecer como al atardecer. Que mi boca nunca se canse de llamarte y colmarte de alabanzas.
Por favor, ayúdame a dejar de lado los elementos que realmente no necesito para poder buscar lo que es mejor para mí. Y por favor ten paciencia conmigo y ayúdame a comprender tus planes, que siempre serán mejores y más rentables de lo que podría haber imaginado.
Siento que me escuchas y tienes la capacidad de concederme el día que hoy te pido. Vigila cada paso que doy, y si caigo, ayúdame a levantarme para no perder tiempo ordenándome y avanzando porque tengo fe en Ti, oh Padre benévolo, en la autoridad y nombre de Jesús.
Amén.
