
Quiero darte gracias, Padre Celestial, en esta mañana que vuelves a iluminarme, pues me desperté sintiéndome bien física y mentalmente. Te agradezco que hayas protegido mi sueño del adversario, vigilando mis sueños y no permitiendo que ninguna pesadilla arruine mi tiempo contigo. Estoy preparado para vivir este nuevo amanecer y aprovechar lo que tenga para ofrecer para tu gloria.
Te agradezco, Señor, por todas las pequeñas cosas que bondadosamente sembraste en este día, por nunca abandonarme y por cuidarme en las tardes en las que ni siquiera yo mismo me conocía. Te pido que hoy seas mi sol, el que me sigue todo el día.
Quiero hoy engrandecer tu nombre, Señor, y que los rayos del sol abracen mis alabanzas. Levanto mis manos al cielo para que Tú, mi roca firme de fe y mi esperanza reavivada, escuches todas mis palabras de alabanza y amor, sin importar cómo me sienta.
Padre celestial, ayúdame a verte en todo aquel que tiene hambre y sed de Ti, en el niño que pide un abrazo o necesita consuelo, en la clase trabajadora, en los solitarios, en las sonrisas que adornan tantos rostros y en todo aquel que aprende a compartir y a ser misericordioso en todo momento.
Amén.
