
Qué bondad tan grande,
Señor, reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos.(Salmo 30)
Padre amado, en esta mañana que está por comenzar, vengo a agradecerte por regalarme el descanso durante mi sueño nocturno y permitirme levantarme para glorificar tu bondad y para ofrecerte mis súplicas.
Señor Jesús, Hoy vengo a implorarte que me concedas todas mis peticiones si ellas conducen a la salvación. Dame la gracia de manifestar que soy tu hijo de luz y del día, y heredero de tu eterna recompensa.
Amado Padre, te pido que derrames sobre mí y sobre los míos tu gran misericordia, para que, salvo en cuerpo y en alma, pueda perseverar infaliblemente, y que, en mi confianza, pueda ensalzar tu exaltado y bendito nombre: Padre, Hijo y Espíritu Santo, siempre, ahora y para siempre.
Amén.
