
Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo. (Salmo 48)
Señor, esta mañana me levanto confiado en tu infinito amor y misericordia, con la plena esperanza de tu salvación y de tu protección. Sé que contigo nada me faltará.
Padre amado, hoy quiero agradecerte por apartarme del mal camino, de las malas personas y de todo aquello que pueda llegar a hacerme daño. Gracias por llevarme de tu mano por las sendas del amor y la fe.
Te pido que seas siempre mi guía, mi salvación y mi esperanza. Que siempre pueda refugiarme en ti y que alejes de mí los enemigos que quieran hacerme daño. Te lo pido de corazón.
Amén.
