Padre de todos, te agradezco tu indulgencia al permitirme levantarme hoy con todas mis facultades, vida y salud. Te doy también gracias por tu conocimiento, que desciende del cielo e impregna cada respiro.
En este mundo lleno de perversidad de personas que aún no han experimentado tu deleite, Tu majestad y bondad me educan para vivir y crecer cada día. Oro para que muestres a estas personas la ruta correcta para llegar a Ti y experimentar la gloria espiritual que sólo Tú, Padre mío, puedes suplir.
Para que mis hermanos de todo el mundo, en este nuevo amanecer, puedan beneficiarse del buen juicio y puedan ayudar a los demás; que no debemos permitir que el egoísmo se apodere de nuestras comunidades. Bendice, oh Señor, a quienes deben dejar a sus familias. En el nombre de Jesucristo, bendícenos a todos, mi Señor, para que podamos seguir sosteniendo el hogar y a las personas valientes que dejan todo para empezar de nuevo en otro lugar.
Amén.

