
Querido y piadoso Padre, mientras cae la oscuridad y tu magnífica creación llena mi habitación, mi espíritu se llena de gratitud. ¡Gracias Dios! porque hoy me diste alas para protegerme del calor y del frío en esta terrible situación, porque nos brindaste mucha atención a mí y a mi familia, y nos cuidaste todo el día.
Porque fijas tu mirada en este humilde hijo y me haces sentir valioso a tus ojos y a los ojos de los que me aman, por eso, a la luz de las estrellas, mi corazón se alegra en tu presencia para dar honor y gloria a Tú por siempre, Rey de toda mi vida.
Padre maravilloso, permite que pueda vivir todos mis sueños en tu presencia y que pueda ver un rayo de esperanza en medio de la tormenta, incluso en medio de la noche oscura. Es cierto que a veces las cosas no salen como esperaba, pero lo más importante es que aprenda a reconocer en ellas tu voluntad divina.
Gracias, Padre, por las lecciones que aprendí hoy fueron moldeadas por situaciones tanto positivas como negativas, pero también me ayudaron a convertirme en una mejor persona. Con todas las fuerzas de mi existencia, te ruego que esta noche envuelvas por completo en tu gracia toda mi casa, desde el suelo hasta el techo. Amén.
