
Magnífico Padre, aprecio la familia que me brindaste porque a pesar de nuestros altibajos, seguimos estando al lado de los demás, alentándonos mutuamente en los éxitos y compartiendo nuestros reveses. Agradezco el abrazo o la mirada valiosa que me ofrece cada uno, que llena mi corazón de Ti.
Pongo en mis sueños todos mis planes, mis deseos más profundos y tu búsqueda incesante, por eso en esta noche, Señor santo, quiero que los cuides, me cuides cuando duermo y seas mi Dios. Que siempre recuerde ser amable con mis compañeros, y que nunca pierda la necesidad de que estés en mi vida.
Quiero hoy estar cubierto de tu caridad incomparable e invaluable porque me siento humillado al admitir que soy un pecador. Por favor perdóneme, Padre. Hubo momentos en los que tomé decisiones sin considerarte y actué de manera egoísta. Como resultado, es posible que haya fomentado la desconfianza y hecho que mi fe flaqueara.
Junto a todos los que amo, te ofrezco todo esto, y con profunda sinceridad me dispongo a irme a dormir, poniendo en tus manos mis intenciones para el futuro, rogando que tú también cuides, protejas, bendigas, y mantenerme a salvo para todos los que amo. En el nombre de tu Hijo Jesús, te suplico, Dios amado, que me concedas la capacidad de imaginar un nuevo amanecer si está contenido dentro de tu invaluable plan.
Amén.
