
Querido Padre, un cielo estrellado llena este espacio con tu regia presencia, y quiero encomendar mi corazón a tus santas manos para que iniciemos nuestra conversación con suma humildad y sinceridad.
A pesar de un día desafiante lleno de numerosas circunstancias estresantes y asuntos pendientes, me siento aliviado de haber llegado a casa sano y salvo. Agradezco al Señor por cuidarme hasta este momento, por mantenerme a salvo de cualquier daño y por estar a mi lado todo el día. Tu presencia me da la fuerza para llevar a cabo tus intenciones.
Señor, quiero agradecerte y honrarte con todas mis palabras antes de cerrar los ojos. Tengo mucho más para darte. Ya que te muestras en lo grande, en lo pequeño, en lo simple y en lo complejo, no hay nada más deleitable que el delicado cuidado paternal que brindas.
Dios, por favor perdóname y ten piedad de mí una vez más. Señor, purifica mi corazón porque siempre necesitaré de tu gracia, sin importar a dónde viaje.
Amén.
