
Padre amado, esta noche estoy agradecido por el regalo de los amigos que me has brindado, ya que me apoyaron en mis días más oscuros, se regocijaron conmigo en mis victorias y me esperaron pacientemente cuando la desesperanza amenazaba con abrumarme.
Protégeme, Dios, y ayúdame a descansar en Ti para sentirme seguro y protegido. Toma mis preocupaciones y mis para que las conviertas en mayores bendiciones para que pueda santificarme incluso en medio del dolor y el sufrimiento.
Te llamo Señor desde lo más profundo de mi ser, para que esta tarde, tú y la luna sean los compañeros ideales. Enséñame a predicar sin hablar mucho para que siempre pueda estar a la altura de lo que digo. Quiero ser la luz que muchos otros necesitan ver para descubrirse en Ti.
Ahora, Señor mío, me entrego a Ti. Reconozco lo indefenso y pequeño que soy, pero también sé que por tu gracia podré levantarme y seguir caminando contigo. En el nombre de Jesús, renueva mis fuerzas y mi espíritu en este reposo, y si quieres concédeme una mañana gloriosa.
Amén.
